
El nombre de Monseñor Óscar Arnulfo Romero volvió a sonar fuerte en el Vaticano y los ecos de su beatificación parecen escucharse ahora más claros. Al menos eso se desprende de los últimos sucesos sobre el obispo asesinado el 24 de marzo de 1980.
Ayer, L'Osservatore Romano, el periódico oficial de la Santa Sede, le dedicó al mártir salvadoreño dos artículos, algo que el rotativo no había hecho antes.
“No era un intelectual, un teólogo, un organizador, un administrador. Ni siquiera un reformador. Y, desde luego, no era un político, como cualquiera quisiera verlo e instrumentalizar su nombre para sus propios fines”, dijo el obispo Vincenzo Paglia, el postulante de su causa de beatificación. Para el clérigo, Romero era “un obispo, un pastor” de la Iglesia.
Las declaraciones se dan días después de que el papa Benedicto XVI declaró a la cúpula episcopal salvadoreña en Roma que el obispo asesinado era un ejemplo para toda la curia.
Días atrás, también José Saraiva Martins, el prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, declaró que el Vaticano no entorpecía el proceso de beatificación de Monseñor Romero, sino que estaba tratando de determinar con claridad el martirio.
Ayer, en otro artículo, Carlo Di Cicco, subdirector de L'Osservatore Romano, escribió en el periódico: “Monseñor Romero, más allá de lo que se dice, contó con la solidaridad de dos pontífices (Pablo VI y Juan Pablo II), como lo documenta el diario del mismo Romero. Eso constituye un punto firme” para el proceso de beatificación.
Tanto Di Cicco como Paglia tratan de desvincular al religioso salvadoreño de la parte política y en sus argumentos alegan que si bien cuestionó a la derecha y al Ejercito salvadoreño también se declaró contrario al comunismo. “Fue contrario tanto a la violencia del gobierno militar como a la de la guerrilla y vivió como pastor el drama de su rebaño”, explica Paglia en su artículo, como para desmitificar una presunta relación del sacerdote con la izquierda salvadoreña, “fue acusado de ser comunista, aunque siempre condenó el comunismo y nunca cambio de opinión sobre ello”.
Di Cicco, quien asegura siempre se interesó por la muerte del sacerdote, recuerda que este contó con la admiración de Juan Pablo II, otro punto que abona a la beatificación.
“El mismo Juan Pablo II ha reconocido públicamente su figura, cuando visitó su tumba en circunstancias dramáticas y también cuando lo citó entre los mártires del siglo XX y oró por el ‘inolvidable Monseñor Óscar Romero’, asesinado en el altar”, recuerda en su artículo".
Ayer, L'Osservatore Romano, el periódico oficial de la Santa Sede, le dedicó al mártir salvadoreño dos artículos, algo que el rotativo no había hecho antes.
“No era un intelectual, un teólogo, un organizador, un administrador. Ni siquiera un reformador. Y, desde luego, no era un político, como cualquiera quisiera verlo e instrumentalizar su nombre para sus propios fines”, dijo el obispo Vincenzo Paglia, el postulante de su causa de beatificación. Para el clérigo, Romero era “un obispo, un pastor” de la Iglesia.
Las declaraciones se dan días después de que el papa Benedicto XVI declaró a la cúpula episcopal salvadoreña en Roma que el obispo asesinado era un ejemplo para toda la curia.
Días atrás, también José Saraiva Martins, el prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, declaró que el Vaticano no entorpecía el proceso de beatificación de Monseñor Romero, sino que estaba tratando de determinar con claridad el martirio.
Ayer, en otro artículo, Carlo Di Cicco, subdirector de L'Osservatore Romano, escribió en el periódico: “Monseñor Romero, más allá de lo que se dice, contó con la solidaridad de dos pontífices (Pablo VI y Juan Pablo II), como lo documenta el diario del mismo Romero. Eso constituye un punto firme” para el proceso de beatificación.
Tanto Di Cicco como Paglia tratan de desvincular al religioso salvadoreño de la parte política y en sus argumentos alegan que si bien cuestionó a la derecha y al Ejercito salvadoreño también se declaró contrario al comunismo. “Fue contrario tanto a la violencia del gobierno militar como a la de la guerrilla y vivió como pastor el drama de su rebaño”, explica Paglia en su artículo, como para desmitificar una presunta relación del sacerdote con la izquierda salvadoreña, “fue acusado de ser comunista, aunque siempre condenó el comunismo y nunca cambio de opinión sobre ello”.
Di Cicco, quien asegura siempre se interesó por la muerte del sacerdote, recuerda que este contó con la admiración de Juan Pablo II, otro punto que abona a la beatificación.
“El mismo Juan Pablo II ha reconocido públicamente su figura, cuando visitó su tumba en circunstancias dramáticas y también cuando lo citó entre los mártires del siglo XX y oró por el ‘inolvidable Monseñor Óscar Romero’, asesinado en el altar”, recuerda en su artículo".
Noticia retirada de "La Prensa Gráfica"
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